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Hacia comienzos del siglo XX, Mar del Plata fue elegido como el destino favorito de la clase alta de Buenos Aires, que construyó allí sus chalets de lujo en donde pasaban las extensas vacaciones de verano, que duraban cuatro meses. Ernesto Tornquist, empresario y estanciero miembro de la burguesía que se dedicó a embellecer la ciudad, buscando dotar al lugar de un edificio que transmitiera encanto e intriga a los visitantes, financió la construcción de un mirador. Desde entonces el Torreón del Monje, el edificio de influencias góticas levantado sobre las rocas de la Punta Piedras en 1904, se convirtió en uno de los íconos de la ciudad balnearia. Imagen ©digitalglobe ► ►
