#251 Tastil

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Como un tesoro escondido en las alturas, las anchas paredes construidas con miles de piedras permanecen erguidas, como pircas, y forman un plano laberíntico que comienza en la cima del cerro, baja interminable por la ladera norte y ocupa todo el valle junto a Santa Rosa de Tastil, en la entrada a la puna salteña. Los restos de la antigua ciudadela tienen hasta mil años y constituyen el mejor exponente preincaico del país. A más de 3.200 metros sobre el nivel del mar, en unas 17 hectáreas se hallaron 114 viviendas que albergaron a unas tres mil personas entre el 1000 y el 1400, quienes cultivaban los alrededores y cazaban entre las montañas. Ese terreno, donde quedan restos de su alfarería y otras obras, es el sitio de mayor concentración de pinturas rupestres del país, con unos ocho mil bloques de piedra con trabajos de ese tipo. Allí vivieron los diaguitas atacameños hasta que llegaron los invasores incas, que los sometieron, los expulsaron de su ciudad y los obligaron a trabajar para el imperio del Cuzco.
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