#277 El alma de la Patagonia

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La inmensidad del desierto patagónico se extiende casi anodino bajo un azul impecable a unos 40 kilómetros de Puerto Deseado, hasta que el camino de tierra pasa unas suaves lomas y termina en un abrupto y ancho cañón rojizo de cientos de metros de altura, con un hilo de agua que serpentea en su fondo amarillento: Son los Miradores de Darwin, uno de los sitios claves para conocer el alma de la Patagonia. “No creo haber visto en mi vida lugar más aislado del resto del mundo que esta grieta rocosa en medio de tan extensa llanura”, así el naturalista inglés inmortalizó lo que sintió al descubrir el lugar que hoy lleva su nombre. Darwin llegó a ese sitio en 1833, a bordo del Beagle, tras remontar la ría Deseado y entrar al agua dulce del río, un circuito deslumbrante que hoy se hace en botes semirígidos, más un trecho de caminata de baja dificultad. Los paredones son piroclásticos, por lo que se encuentran algunas grutas que fueron bolsones de gases en la época de erupciones. Desde la cima de los miradores el río se extendía infinito y zigzagueante a un lado y otro, hasta perderse en el horizonte al oeste y hasta convertirse en ría hacia el este.
Imagen ©DigitalGlobe ►
