#281 El avión de los caballos

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La mañana del jueves 30 de abril de 1964, luego de cruzar la cordillera, al Curtiss Commando C-46 F comenzó a fallarle el motor izquierdo. En su bodega transportaba a la Argentina ocho yeguas inglesas de pura sangre, que habían sido compradas en Lima. Estaban aseguradas en 10.000 libras esterlinas cada una. El comandante del LV-HIJ, decidido a aterrizar de emergencia, divisó una laguna blanca entre las montañas a la que confundió con un salar. Cuando se dio cuenta de que se trataba de la Laguna Brava, ya era tarde. El avión panceó sobre el agua que tiene una profundidad de apenas 70 cm y se arrastró en el barro y la sal hasta detenerse a 400 metros de la costa. Nadie resultó herido en el accidente, excepto dos yeguas que murieron en el impacto. De las otras, solo una alcanzó la costa y se perdió entre las montañas. Los seis tripulantes pidieron auxilio y debieron esperar 24 horas dentro del fuselaje, al reparo del frío extremo, para ser rescatados. Del equino que se escapó nunca más se tuvieron noticias, aunque su leyenda siempre asoma nuevamente cuando se ponderan las cruzas de los caballos que participan en las carreras cuadreras de la región. Si bien el Curtiss solo quedó dañado en un 20 por ciento, repararlo y lograr que despegara en esa superficie hubiese sido demasiado complicado, costoso y riesgoso. Por ello la compañía aseguradora lo vendió por 15.000 pesos a un viejo minero que cuando subió para desguazarlo descubrió en el compartimiento del tren de aterrizaje, un cargamento de contrabando de radios portátiles Spica. En sucesivas jornadas el aluminio y los motores fueron cortados en pedazos, cargados en camiones y bajados a Villa Unión. Parte de los restos del avión aún están allí, y con ellos quedó una historia apasionante.
Imagen ©DigitalGlobe ►
Conocé los detalles de la historia detrás de esta imagen: “Un panzazo en la Brava”
