#298 La aguja que perfora el cielo

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Barón Biza, el escritor, político y millonario, conoció a su primera esposa, la actriz suiza Myriam Stefford en un viaje a Europa. Al poco tiempo de casados, Myriam aburrida con su nueva vida de estanciera, comenzó a tomar clases de vuelo. En 1931 anunció que iba a realizar, junto a su instructor Luis Fuchs, un raid por las entonces 14 provincias argentinas. La aventura terminó trágicamente el 26 de agosto, dos días antes de su primer aniversario de casamiento. El Chingolo II se desplomó en San Juan por causas que nunca quedaron clara. Para homenajear a su amada, Barón Biza mandó construir en su campo de Alta Gracia, Córdoba, el sepulcro más grande del país. El significado del monumento en hormigón armado, de 82 metros, aún hoy genera discrepancias. ¿Es el perfil del ala de un avión? ¿Es un obelisco, más alto que el porteño, como ostentan los cordobeses? ¿Es un símbolo egipcio de resurrección? Desde su inauguración en 1935, comenzaron a circular las leyendas. Sepultada bajo varios metros de cemento, se dice que Stefford fue enterrada con sus joyas, entre ellas el diamante maldito de 45 quilates Cruz del Sur; que Barón Biza puso trampas para evitar que violen el sepulcro, que en la cima había un faro y su luz se podía ver desde muchos kilómetros. Mientras tanto, en medio de un singular abandono, la mole congrega curiosos, amantes de la arquitectura, y también, melancólicos: hubo varios suicidios perpetrados desde su ventana más alta.
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