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El Alerzal milenario, ubicado dentro del Parque Nacional Los Alerces y al que se accede tras navegar por las aguas del Lago Menéndez resguarda un tesoro de la naturaleza a orillas del Río Cisne. El Alerce Abuelo, echó raíz hace 2600 años, cuando Babilonia derrotaba al imperio Egipcio y creció lentamente mientras Alejandro Magno conquistaba desde Grecia hasta la India, mientras se construía la Muralla China. Ya era adulto cuando nació Jesucristo. Fue contemporáneo al desarrollo de las culturas andinas y a las cruzadas de oriente. Fue testigo temporal de la llegada de Colón y de la declaración de la independencia. Los pueblos originarios lo veneraban como Lahuan o Abuelo Solitario, debido a que perduraba de pie en el bosque mientras que otros cientos de ejemplares caían a su lado. Su ubicación geográfica fue clave para sobrevivir a cambios climáticos, a volcanes e incendios. Y a todas las revoluciones del mundo moderno. De 57 metros de alto y 2,8 metros de diámetro, es el segundo árbol más longevo del planeta. Crece un milímetro de diámetro por año y requiere un ambiente especial de humedad: llueve 300 días de los 365 días del año. Por su parte, la formación del Alerzal Milenario fue un proceso lento. Sobrevivió al cambio climático, protegido por la cordillera de Los Andes, y es un bosque prácticamente inexplorado. La mayor parte del Parque Los Alerces es territorio virgen. El alto grado de preservación hizo posible que un sector fuera distinguido como Patrimonio Mundial, sello que solo tienen cuatro parques en la Argentina. Y apenas 300 alrededor del mundo. Imagen ©CNES/Airbus ►
