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#168 El hogar del Diablo

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El Huancar es un médano gigante, ubicado entre cerros en la Puna jujeña, pocos kilómetros al sur de Abra Pampa. Las arenas son muy finas y en sus grandes dunas, a 3.000 m, se practica sandboard. Considerado por los habitantes de la región como el lugar donde habita el Diablo, cada verano a finales de Enero, allí se realiza el Festival Folclórico de El Huancar. Es el momento de festejar el Carnaval y “desenterrar al Diablo” para bailar junto a él. Algunas leyendas dicen que por las noches se puede ver fuego, al Diablo montado en un caballo o escuchar risas si uno se acerca a pedirle favores al mismísimo Señor de las tinieblas. Imagen ©CNES/Airbus ►

#167 El Túnel del Hombre Muerto

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Con la sensación de estar en otro planeta, el paisaje árido de Tolar Grande en Salta, rememora las imágenes de la superficie de Marte. Ubicado a más de 3.400 metros de altura, este pequeño paraje tiene una temperatura media anual de 8ºC a 12ºC, con máximas de 31ºC y mínimas de -18ºC. Uno de los lugares cercanos para descubrir, desde este portal de excursiones de aventura, es el Túnel del Hombre Muerto, de 180 m de longitud, compuesto por cuatro bóvedas y un puente. En su interior se encuentran estalactitas y rugosas columnas de sal de distintos tamaños que crean un umbrío e impactante entorno. Imagen ©digitalglobe ►

#166 Altas Cumbres

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A mediados del siglo XX, el creciente comercio e intercambio de Córdoba con las provincias de Mendoza y San Juan necesitaba nuevas carreteras para agilizar los tiempos y disminuir los costos. También se hacía imperante contar con rutas que unieran los puertos del Atlántico con el Pacífico a través del corredor Córdoba-Cuyo. La construcción de la Ruta Provincial 34, más conocida como el Camino de las Altas Cumbres comenzó en 1960 y su culminación demoró casi 30 años. Une a la Ciudad de Córdoba con la ciudad de Mina Clavero en el Valle de Traslasierra, es decir: comunica el área central de la provincia de Córdoba con el área oeste a través de las Sierras de Córdoba. Por la curva del Paraje La Pampilla, sale el camino de acceso al Parque Nacional Quebrada del Condorito, el único en esta provincia y considerado por los locales, la tercera maravilla natural de Córdoba. Imagen ©CNES/Airbus ►

#165 La Balsa Maroma

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Villa Llanquín es una pequeña localidad en la estepa Patagónica, sobre la costa sur del Río Limay, a 40 km de la ciudad de San Carlos de Bariloche. Un puente colgante peatonal la une con la ruta, en cambio, el acceso vehicular se realiza con la “Balsa Maroma”, un servicio gratuito que atraviesa el río de costa a costa y que puede transportar hasta dos vehículos por vez. Esta embarcación no dispone de motor, ni utiliza combustible para su funcionamiento. El sistema empleado es a maroma o lanzadera, que utiliza la corriente del río para impulsar su movimiento. Las actividades productivas de la villa, al igual que en la mayoría de los parajes de la zona, están en manos de pequeños productores de ovejas y cabras, varios de ellos nucleados en una cooperativa. Por ser un lugar cercano a Bariloche, y con un ambiente propicio, en los últimos años se están desarrollando actividades vinculadas al turismo: cabalgatas, flotadas en el río y pesca. Imagen ©CNES/Airbus ► ► Tumblr

#164 Humedal

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Caminar por las tierras altas de los pastizales pampeanos, bajar las barrancas de Talas y adentrarse en el pajonal del humedal para llegar al maravilloso balcón mirador de la Laguna grande, el corazón del área protegida Reserva Natural Otamendi forma parte del paseo ideal para los amantes de la observación de aves. Enmarcada entre el río Luján, el río Paraná de las Palmas y la autopista Panamericana, resguarda ambientes representativos de tres ecorregiones: pastizal pampeano, espinal y delta e islas del Paraná. El 90 % del territorio está compuesto por zonas bajas e inundables, un espacio significativo para la conservación de la biodiversidad y de la sustentabilidad de los servicios ambientales del humedal, que alberga 309 especies de aves y 49 de mamíferos. Con categoría de reserva natural educativa, brinda oportunidades especiales para la educación ambiental y la interpretación de la naturaleza. A demás, en poco tiempo, se le sumarán un sector de islas del delta y se integrará a la vecina Reserva Natural del Río Luján para convertirse en el segundo Parque Nacional de la Provincia de Buenos Aires. Imagen ©digitalglobe ►

#163 El punto de encuentro

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En 1520 Fernando de Magallanes, capitán de una expedición española, arribó a un cabo detrás del cual se divisaba una gran entrada de mar: el estrecho que hoy lleva su nombre. Desde entonces el cabo Vírgenes fue universalmente considerado como el punto en donde el estrecho de Magallanes se une con el océano Atlántico. Sin embargo desde 1916 Argentina comenzó a impulsar la idea de que el punto bioceánico era la punta Dungeness, el punto continental más austral, en donde el límite de ambos países tocaba las aguas del estrecho. El objetivo era tener derechos en la co-regulación de la navegación por poseer costa sobre el estrecho entre punta Dungeness y cabo Vírgenes (de tan solo 10 km de longitud). Se trataba del paso de mayor importancia entre los océanos Pacífico y Atlántico hasta la inauguración del Canal de Panamá en 1914. Finalmente y luego de años de disputa, en el Tratado de Paz y Amistad de 1984 se reconoció a Dungeness como nuevo punto extremo oriental del estrecho de Magallanes. Imagen ©CNES/Airbus ►

#162 Jaque mate

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El Embalse Potrero de los Funes, en San Luis, está enclavado en un hermoso paisaje serrano y constituye un destino turístico para la práctica de actividades al aire libre, ciclismo, deportes náuticos y la pesca deportiva. A demás, se destaca alrededor del lago, un circuito automovilístico de 6.250 metros de extensión de nivel mundial. Fue la primera ciudad argentina en realizarse un Campeonato Mundial de Ajedrez, en 2005 al que acudieron los 8 mejores jugadores del mundo para lo cual se construyó un moderno estadio llamado Caja de los Trebejos conectado a la Autopista de la Información. Aproximadamente un millón de usuarios en simultáneo siguieron las jugadas por internet, con un pico de tres millones de personas conectadas durante la final de la competencia. En 2017, el Congreso de la Nación, declara oficialmente a la Ciudad de Potrero de Los Funes como Capital Nacional del Ajedrez. Imagen ©digitalglobe ►

El Tren a las Nubes


#161 Rulo

 

El Tren a las Nubes

Los que solo conocen la foto del Viaducto y no saben del gran trazado de Salta a Antofagasta, en Chile, bien pueden pensar que el Tren a las Nubes es eso justamente. Pero no. La denominación “Tren a las nubes” tiene por lo menos 45 años y siempre se refirió al viaje de Salta hasta el Viaducto de la Polvorilla.

La razón de ser de este trazado no fue inicialmente turística, sino comercial y estratégica. Fue Hipólito Yrigoyen el primero en considerar que una vía férrea que conectara Argentina con Chile sería provechosa para la salida de la mercadería argentina hacia el Pacífico. La construcción comenzó su construcción en 1921, bajo la supervisión del ingeniero Richard F. Maury. Pero las dificultades políticas, técnicas y climáticas fueron tantas que se inauguró recién en 1948.

Estaba previsto que asistieran los presidentes argentino y chileno, Juan Domingo Perón y Carlos Ibáñez del Campo. Pero ambos faltaron por recomendaciones médicas. En lugar de Perón viajó el ministro de Obras Públicas, Juan Pistarini, a quien la puna también le impidió llegar a Socompa. Después de 27 años, y con un cambio de trazado incluido -que hizo que el paso fronterizo elegido fuera Socompa (de menor altura y más conveniente para Chile), y no Huaytiquina-, el sueño de Yrigoyen era realidad.

Maury, desvinculado de la obra tras la asunción de Uriburu, no fue invitado a la inauguración. No hay pruebas fehacientes de que haya visitado Socompa, aunque es muy probable que haya querido conocer ese hito, la cumbre de su gran obra. Murió dos años más tarde, el 10 de julio de 1950 en Córdoba. Siete años después sus restos fueron trasladados al mausoleo que se construyó en su honor en Campo Quijano, el portal de los Andes, muy cerca de las vías y de la primera locomotora que trabajó en el ramal C 14. De Salta a Antofagasta, el trazado es 951 km, de los cuales 571 km están dentro de Argentina. Incluye 31 puentes, 21 túneles, 13 viaductos y 9 cobertizos.

Recorrer el trazado del ramal C 14 por tierra es como darle un guión a un viaje por la puna. Basta mirar el mapa y ver cómo el trazado avanza por esas alturas imposibles, que aún hoy mantienen la vida humana bastante a raya, para comprender que el ramal C 14 fue una verdadera hazaña.

Con excepción de San Antonio de los Cobres cuya existencia es anterior, los pocos pueblos de la puna salteña deben su razón de ser al tren. Las estaciones, abandonadas casi todas, saqueadas la mayoría, son la piedra fundamental de un derrotero que, con un poco de suerte, continúa la minería.

El tren funciona. No solo en esta versión “light” para el turismo. El de carga también pasa cada tanto, pero nadie sabe bien cuándo, ni de dónde a dónde. Pasa casi como el tren fantasma. Además, hace años que la aduana dejó el paso fronterizo de Socompa y se instaló en Pocitos, a 211 km del límite. El comercio entre ambos países era ya tan escaso que no justificaba una dotación de aduana a esas alturas. Ahora, dicen, el tren sigue funcionando entre Pocitos y algún lugar de Chile.

A medida que se avanza hacia el oeste aparecen las botellas de aceite de litro, de alcohol, de ginebra, de Polyana 555, de licor Peters Hnos. Hay cientos de ellas, la mayoría rotas, pero algunas intactas. Suelas de zapatos, enseres de hierro oxidado. Toneladas de remaches. Miles de durmientes de quebracho. Vías inglesas de 1884, 1902, 1910, y algunas argentinas de 1921, 1937, 1948. Una sucesión de años que se acumula con el mismo destino: el olvido. Es como un museo a cielo abierto. Solo que este no sabe que es tal.

En Laguna Seca, una de las últimas estaciones con aspecto de chalet de tejas, los muros acusan a los del Salar de Rincón de haberse llevado aberturas, artefactos, piso y todo aquello que encontraron a su paso. Un poco más allá, la RP 27 se introduce en el Desierto del Diablo. Dicen que quien recorre los laberintos de Los Colorados tiene grandes chances de cruzarse con Huancar -como se menta por aquí al diablo- y, aseguran, más de uno ha sellado pactos secretos con él. Pero si uno no sabe, la imagen de la ruta que surca recta esa geografía de cerros curvos y bien rojos no tiene nada de satánica: más bien por el contrario, es la postal perfecta de la belleza de la puna.

A partir de la estación Km 1506, las construcciones pasan a ser más andinas, austeras, de adobe. pero igual de saqueadas. Antes de llegar a Tolar Grande, el otro alto obligado son sus Ojos de Mar, tres agujeros de color celeste transparente en medio de un salar blanco inmaculado. Allí descubrió la bióloga tucumana María Eugenia Farías los fósiles más antiguos de la tierra: los estromatolitos. A lo largo de millones de años han afectado la evolución del planeta fijando dióxido de carbono y produciendo grandes cantidades de oxígeno a través de la fotosíntesis, liberando el oxígeno a los mares, a la atmósfera y creando la capa de ozono. Por eso los Ojos de Mar, además de bellísimos, tienen un alto valor científico.

Esa combinación, más el hallazgo de los niños del Llullaillaco en 1999, hizo que Tolar ganara impulso en el incipiente desarrollo del turismo de altura. La comunidad local se organizó y abrió varios hospedajes familiares, a los que sumó la nueva hostería municipal Casa Andina, un auténtico pequeño lujo, muy bien puesta y decorada, con buena calefacción y baño privado.

El Salar de Arizaro es otro dominio rojo con pinceladas de gris, que de pronto se hace blanco y hostil. La estación Taca Taca, a unos 10 km de la RP 27, es un revuelo de papeles y memorándums del tren que se mantienen intactos.

Si no fuera porque están todos mezclados en el suelo, el Vale por Materiales de 1967, con el Parte de Inasistencia de 1988, el Detalle de Liquidaciones de 1939 con el Informe Mensual de Vivienda de 1991 o el Parte de Accidentes de 1987 (donde se relata un descarrilamiento a causa de la nieve y el hielo), parecería que fue ayer que el último empleado se fue y cerró la puerta. Pero los indicios del tiempo son implacables. Una lata de picadillo La Negra, un par de pilas Eveready rojas, las que tenían un gato negro que saltaba dentro de un número 9. Se nota también que desde el año 40 los recursos escasean porque casi todos los formularios están escritos de los dos lados: en el anverso pasa algo en el año 67 y en el reverso, que data de 1975, sucede otra cosa.

Caipe campanea a lo alto sobre una pampa gris y yerma. Se accede por asfalto, el que usaban los camiones que traían hasta aquí el azufre que sacaban de La Casualidad. La mina cerró a finales de los 70 pero la ruta sobrevive, como una curiosidad más que solo la historia puede explicar: 30 km de pavimento en un territorio tan vasto dominado por el ripio.

En esa aridez, Caipe parece un oasis de altura, donde en lugar de camellos hay vicuñas, y en lugar de palmeras, álamos. Una vertiente natural que brota allí mismo es la causa de esa rareza. Pasan las aves volando por entre los huecos de las ventanas. Aquí todavía está, volcada y maltrecha, la caja fuerte Bash (cada estación tenía una); y también sobrevive intacta una bañera: la primera y única que se encuentra entre todas las estaciones.

Por un camino de cornisa se llega al gran final que es Socompa. Cómo se habrán sentido los trabajadores del Huaytiquina a medida que avanzaban hacia esa meta, el encuentro de los rieles de un país y el otro. A los pies del volcán que le da nombre al paso aparece la laguna Socompa, con un fuerte olor a azufre. Aquí también, dicen los científicos, hay valiosos e invisibles estromatolitos.

A la salida de la estación Chuculaqui, a 4.300 metros de altura, muy cerca de la ruta, la tumba de Karl Hillmer tiene por epitafio “Se lo encontró helado”. Cuentan los locales que era un marino alemán que llegó a Buenos Aires en 1930 y que, como suelen hacer los marineros, se fue de juerga por la noche. Él y un amigo perdieron el barco, que zarpó sin ellos.

Entonces ambos decidieron que, ya que el barco volvía a subir por el Pacífico, cruzando por el Cabo de Hornos, podían alcanzarlo yendo en tren hasta Salta y de ahí a Caipe (que era, hacia 1930, punta de rieles), para seguir a pie por la cordillera y alcanzar la nave en Antofagasta. Dicen que a pesar de que le advirtieron acerca del frío y el viento blanco, Karl Hillmer se lanzó a cruzar solo y pereció helado el 5-9-1930. Se supone que su amigo fue capaz de llegar a Socompa y atravesar el paso. Hillmer fue encontrado e inhumado por la familia Alegre de Quebrada del Agua. Cada tanto alguien lleva una flor de plástico o de papel al Alemán Muerto, que ganó fama inmortal en las alturas de la puna.

El paso de Socompa, a 3.870 metros, está cerrado para automotores. Sólo puede cruzarse a pie o en bicicleta, nos informan los gendarmes ante nuestra mirada incrédula. “Hace poco pasó un japonés loco en bicicleta”, aseguran. Su presencia no se justifica por eso, sino por el tráfico de drogas. Desde 2016, está habilitado únicamente de octubre a mayo. Nieva tanto en La Hoya, unos metros después de la laguna, que el acceso queda bloqueado gran parte del invierno. Los carabineros chilenos, en cambio, pasan allí todo el año. Tienen internet y motor diésel. Del lado argentino, una pantalla solar.

La estación del tren está cerrada. A diferencia de las demás, protegida por los gendarmes, se mantiene entera y en pie. La chilena, a pocos metros, también está abandonada. Hay rumores de reacondicionamiento. A veces, hasta llegan rumores de asfalto. Vienen de tan lejos que en el camino se pierde la fuente. Un día de estos pasa el tren. Quién sabe.

#161 Rulo

#161 Rulo

 

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En ese grandioso y desolado escenario que es la Puna de Atacama, a principios del siglo XX, la ingeniería argentina alcanza uno de sus mayores logros reconocido a nivel mundial: el Tren a las Nubes. Un recorrido de 571 kilómetros con 1.400 curvas; 3.233 metros en 21 túneles; 31 puentes de acero con 670 metros y 13 viaductos con 352 metros. En dos lugares fue necesario apelar a un recurso ingenioso y espectacular para ganar altura donde no había otra manera de hacerlo: los rulos. En el segundo, el convoy pasa primero por un cobertizo de 54 metros, con los rieles a 3.263 msnm. La vía comienza a describir una curva circular de 130m de radio, siempre con una rampa constante. Al promediar el circulo, la vía se interna en un túnel Nº 9, curvo también, de 181 metros de extensión. Cuando la vía superior atraviesa la inferior se han ganado 18 metros. Al igual que los varios zigzag de la línea, este artificio permite ganar altura, sin recurrir a rampas demasiado pronunciadas, lo que hubiera obligado al uso del sistema de cremallera, con ruedas dentadas, comúnmente usado para las formaciones ferroviarias que trepan en las montañas.

Imagen ©digitalglobe ►

La historia detrás de la imagen: “El Tren a las Nubes”

#160 Temporada de pesca

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El Embalse de Cabra Corral en Salta, con su represa General Belgrano es fuente de energía hidroeléctrica para las provincias del Noroeste y para proveer riego a vastas regiones agrícolas. Coronel Moldes es la localidad base para acceder a los diferentes sectores del embalse habilitados para acampar, pasar el día y practicar deportes náuticos. A demás es el elegido por los pescadores deportivos de Salta, Jujuy y Tucumán para la pesca del pejerrey. Imagen ©digitalglobe ►