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#119 Hidrovía

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Las barcazas que llegan del norte por el Paraná, esperan para almacenar su carga en silos. Luego serán transferidos a los buques de ultramar. El transporte por la Hidrovía Paraná-Paraguay mueve 20 millones de toneladas de producción agroindustrial y minera de Bolivia, Brasil y Paraguay. El puerto de San Lorenzo es el polo exportador más importante del país por donde sale el 40% de la producción agroindustrial argentina. A sus terminales llega la producción cerealera del centro, litoral y noroeste del país. También se agrega la actividad en rubros hidrocarburos y derivados, gas químicos, petroquímicos y minerales. Imagen ©digitalglobe ► ►

#118 La piedra parada

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En plena estepa patagónica y en medio del valle del Río Chubut se alza una imponente piedra de origen volcánico de 210 metros de altura. El Área Natural Protegida fue la caldera de un antiguo volcán, cuya chimenea se solidificó y dio origen a geoformas muy peculiares. Las antiguas paredes con huellas del material incandescente también atesoran pinturas rupestres que dejaron las poblaciones antiguas de la zona. A pocos metros de la piedra, se ingresa al cañadón de la Buitrera, de tres kilómetros de largo, flanqueado por paredones de 150 metros de altura. Allí llegan escaladores de todo el mundo, para disfrutar de las vías que son un referente de la escalada deportiva en Patagonia. Imagen ©digitalglobe ► ►

#117 El país de los contrastes

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En el verde pleno de la selva de Yungas, matizada por el color intenso de lapachos rosados en flor y a escasos dos kilómetros de Campo Largo se levantan los pozos productores de gas por los que emerge la riqueza del subsuelo. En el valle de Acambuco, ubicado a 400 kilómetros al norte de la ciudad de Salta, residen alrededor de 200 familias dispersas en los parajes El Chorrito, Acambuco, Macueta, Campo Largo y Colodro. Hace unas ocho décadas que esa región provee gas y petróleo en forma sostenida al resto del país, pero increíblemente sus pobladores carecen de agua corriente, electricidad, gas natural y otros servicios esenciales. En ese rincón olvidado en la frontera con Bolivia, la gente y las dos escuelas se proveen de leña, pese a ser el primer productor de gas. Imagen ©digitalglobe ► ►

#116 La Trochita

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La vía del Viejo Expreso Patagónico cruza el río Chico y se interna en el túnel del cerro Mesa. La línea de ferrocarril de 402 km unía las provincias de Río Negro y Chubut, entre las localidades de Ingeniero Jacobacci y Esquel. Su apodo deriva de la palabra trocha que significa “ancho de vía”. A partir de los 70´s comenzó a decaer debido a las mejoras en las carreteras, el aumento de camiones y ómnibus, y las dificultades para mantener una línea ferroviaria tan aislada. En 1992, se decidió el cierre, pero años mas tarde, resurgió como un atractivo turístico a causa de su trocha económica de 750 mm y sus locomotoras a vapor. Actualmente funciona en dos tramos: el más visitado corre entre Esquel y Nahuel Pan y el otro circula entre El Maitén y Desvío Thomas. Es uno de los ferrocarriles en funcionamiento más australes del mundo. Imagen ©digitalglobe ► ►

#115 Argentina en el cielo

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El Polo espacial de Punta Indio es un puerto espacial ubicado sobre la Ruta 36 en Pipinas, Buenos Aires. Allí la CONAE está testeando los prototipos del lanzador argentino de satélites Tronador II, que tendrá capacidad de poner en órbita polar de 600 kilómetros de altura satélites de hasta 250 kilos y que estaría operativo entre 2019 y 2020. La base de lanzamiento definitiva del cohete será el Complejo Argentino de Acceso Al Espacio, en cercanías de la localidad bonaerense de Punta Alta. Imagen ©digitalglobe ► ►

#114 Menú a la sal

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Las Salinas Grandes de Jujuy y Salta datan de un extenso periodo entre 5 y 10 millones de años. Durante ese tiempo la cuenca de este salar se cubrió de aguas con gran cantidad de sales provenientes de la actividad volcánica. La evaporación paulatina de estas aguas saladas continentales dio origen al salar. A un lado de la ruta 40 además de los piletones donde se procesa el producto para su industrialización, se encuentra un parador curioso: es el Restaurant de Sal con sus mesas, sillas, todo construido con sal donde es posible almorzar o simplemente llevarse un souvenir tallado en sal por los trabajadores y habitantes del lugar. Imagen ©digitalglobe ► ►

#113 La Feliz

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Hacia comienzos del siglo XX, Mar del Plata fue elegido como el destino favorito de la clase alta de Buenos Aires, que construyó allí sus chalets de lujo en donde pasaban las extensas vacaciones de verano, que duraban cuatro meses. Ernesto Tornquist, empresario y estanciero miembro de la burguesía que se dedicó a embellecer la ciudad, buscando dotar al lugar de un edificio que transmitiera encanto e intriga a los visitantes, financió la construcción de un mirador. Desde entonces el Torreón del Monje, el edificio de influencias góticas levantado sobre las rocas de la Punta Piedras en 1904, se convirtió en uno de los íconos de la ciudad balnearia. Imagen ©digitalglobe ► ►

#112 Ciudad sagrada

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Las ruinas de los Quilmes, ubicadas en el Valle Calchaquí, son los restos del mayor asentamiento precolombino de Argentina. Los Quilmes, los primeros habitantes de este lugar, alcanzaron un gran desarrollo sociocultural y un buen manejo de sistemas agropastoriles y de cultivo e irrigación. En 1667 sufrieron su más importante derrota militar a manos de los españoles. Luego de su rendición, fueron obligados a recorrer mil kilómetros a pie sin agua ni comida. Se estima que de los más de 2.600 sobrevivientes que partieron, solamente llegaron 400 a los húmedos e insalubres bañados de Quilmes a orillas del Río de La Plata, 35 km al sur de la ciudad de Buenos Aires. Los supervivientes finalizaron sus días pereciendo principalmente por enfermedades pulmonares. Imagen ©CNES/Airbus ► ►

#111 Conos de falla

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Pequeño cono de ceniza y flujo de lava en la caldera del volcán Peinado cerca de Antofagasta de la Sierra. Estos conos volcánicos están ubicados a lo largo de las fallas relacionadas con la meseta volcánica del Salar de Antofalla. Imagen ©digitalglobe ► ►

Espías a la fuerza en el caladero de Malvinas


#110 Espías a la fuerza

Espías a la fuerza en el caladero de Malvinas

El “Usurbil” era un barco de la hoy extinta Pesquera Vasco Gallega. Donde antes estaba su sede, en el Berbés, hoy está Pescanova. La historia de este pesquero podía ser como la de otros de su clase, que empezaron faenando en aguas del sur de África y que a finales de la década de 1970 se trasladaron en busca de nuevos caladeros a Argentina y a las Malvinas. Siempre con la obligación de constituir una empresa mixta en el país, lo que venía a significar que desde ese momento el buque pasaba a tener bandera argentina y los principales mandos serían también del país. Su historia podía ser como la de cualquier otro si no fuese por su marea número 23. No es que fuese una marea histórica por la cantidad de pescado capturada.

En realidad, durante los 28 días que duró, sus aparejos no tocaron ni una sola vez el agua y no pescaron ni la primera merluza. Aunque como otras muchas veces el barco zarpó una tarde del puerto de la localidad de Ingeniero White, aquella no fue una vez más. Era el 20 de abril de 1982 y en aquel momento Argentina e Inglaterra estaban enfrentadas por la guerra de las Malvinas.

La tripulación del “Usurbil”, con 22 españoles a bordo y la gran mayoría gallegos, no lo sabía entonces pero el buque estaba punto de ser “militarizado”. Iba a ser empleado como barco espía camuflándose bajo su apariencia de pesquero. Una táctica que la dictadura argentina empleó con otros pesqueros, aunque la historia del “Usurbil” apenas se conoce.
Cuando el “Usurbil” sale de Ingeniero White lo hace oficialmente para pescar y raro es el tripulante que durante los días previos dudase sobre la conveniencia o no de embarcarse. La guerra entre Argentina e Inglaterra acababa de empezar y su lugar de faena estaba en mitad de la zona de conflicto. Lo que ni siquiera podían imaginar es lo que sucedería después. Fernando Otero recuerda perfectamente como en la medianoche de aquel 20 de abril, en mitad de su guardia en la sala de máquinas, llegó el médico del barco para decirle: “Che Fernando nos vamos pal frente. Hay que ir a Mar del Plata a coger material quirúrgico y de restauración para recoger a pilotos heridos en combate”. La primera señal evidente de que aquella no iba a ser una marea más.

La reacción del oficial fue avisar al resto de la tripulación española y preparar su maleta para bajarse en Mar del Plata. Pero no tuvo esa oportunidad. El “Usurbil” fue a Mar del Plata, aunque no llegó a ir al puerto. Fue una lancha la que se acercó al pesquero y a bordo subieron un responsable de la empresa en Argentina y un militar, que se fueron directamente al camarote del capitán. Allí estuvieron alrededor de una hora y al cabo de ese tiempo sólo salió el representante de la empresa, que se subió inmediatamente a la lancha y dejó con la palabra en la boca a los tripulantes, que le reclamaban explicaciones.
Poco después se celebró una reunión en la cámara de oficiales en la que se presentó el militar, que era un alférez de fragata y que comunicó a los oficiales la nueva situación: el barco estaba militarizado, la radio estaría en contacto las 24 horas con Buenos Aires y las comunicaciones de la tripulación con sus familias quedaban prohibidas de manera momentánea. Fue un momento de gran tensión. La tripulación española expresó que nada tenían que ver con aquel conflicto. Sus contratos eran españoles, tenían Seguridad Social española y cobraban en pesetas. Aquellas razones, y el hecho de que España en aquellos momentos mantuviese relaciones diplomáticas con los dos países en conflicto, no sirvieron de nada. Sólo para recibir una amenaza en absoluto velada. En aquellas circunstancias ellos eran oficiales de la Marina Mercante de Argentina y que podían ser procesados por sedición. No les quedó más remedio que asumir lo que ocurría.

En aquellos primeros momentos el “Usurbil” no navegaba solo ya que lo hacía en formación con el “María Luisa” y con el “Narwal”, que poco después se haría tristemente famoso. Al principio navegaban rumbo a las Malvinas, aunque poco después pondrían dirección a Brasil. Durante esos días el capitán del “Usurbil” se tomó muy en serio su papel y dio el alto a algunos barcos, reclamando que se identificasen. La actitud del oficial estaba poniendo en evidencia que aquellos buques no estaban precisamente pescando.

El 30 de abril de 1982 los barcos se separan. El “María Luisa” regresa a puerto, el “Narwal” se dirige hacia las Malvinas” y el “Usurbil” enfila más al norte, en dirección a la isla Ascensión, en mitad del Atlántico. Durante los siguientes días la tranquilidad fue la nota predominante e incluso el capitán ordena preparar los aparejos para largar y pescar algo. Aquella orden sorprendió. “¿Largar el aparejo? ¿Para qué? ¿Para coger mariposas?”, fue la contestación del patrón. En aquellos momentos estaban en profundidades de 2.000 metros de profundidad y los aparejos del “Usurbil” eran de arrastre, para fondos de no más de 200 metros.
El 2 de mayo la tripulación tuvo la única ocasión de ponerse en contacto por radio con sus familias, pero con la advertencia de no revelar ningún detalle sobre su “misión”.

El día D

El 8 de mayo de 1982 fue el día D para el “Usurbil”. De repente, en la sala de máquinas, desde el puente reciben la orden de moderar. Notaron algo raro. Cuando uno de los maquinistas regresa de hacer averiguaciones, la respuesta fue de lo más desconcertante: “No sé que pasa, pero la gente está con los chalecos y dispuestos a subirse a los botes salvavidas”. La reacción del oficial fue poner en marcha otro motor y ordenarle a su compañero que iniciase la maniobra de achique. Sin embargo, no pasó nada más.

Al acabar la guardia se enteraron lo que había ocurrido: el “Usurbil” se había encontrado de frente con una flotilla inglesa formada por ocho barcos, que en el radar aún aparecían en formación de “3,3,2”. Los británicos dieron orden al “Usurbil” de que se apartase, a lo que el capitán argentino Adolfo Arbelo se negó respondiendo que “iban en rumbo de colisión”. Al final, de uno de los barcos despegó un helicóptero y obligó al “Usurbil” a apartarse. Este era uno de los momentos que esperaba el militar que viajaba a bordo, que de su maletín sacó una cámara fotográfica y empezó a tomar imágenes de los barcos ingleses.

Aquellos fueron momentos de gran tensión. Al final argentinos e ingleses siguieron su rumbo. Eso sí, en el “Usurbil” poco después de aquel momento de tensión comenzó a sonar música de fiesta en los altavoces y a escucharse gritos de “se rajaron, nos tuvieron miedo”.
De todos modos la marea del pesquero estaba a punto de concluir. A las nueve de la mañana del 9 de mayo entraba un mensaje por el radiotelégrafo que procedía de Buenos Aires: “El mercado está saturado”. Era la señal, la clave que indicaba que era momento de regresar a puerto. El capitán intentó convencer a los mandos militares para continuar con la “misión” y empleó otra clave: “Estamos siguiendo un cardumen de merluza”. Sin embargo en Buenos Aires no estaban para muchas bromas y ordenaron el regreso inmediato. La razón la descubrieron de enseguida: hacia apenas unas horas la flota inglesa había atacado al “Narwal”, el pesquero que había acompañado en los primeros días al Usurbil y había fallecido un civil. Los ingleses sabían perfectamente que era un barco espía y cuando entraron en el “Narwal” preguntaron por el militar que sabían que estaba allí.

El regreso a Argentina no fue fácil. El “Usurbil” se encontraba lejos de la costa y la Royal Navy había advertido que cualquier barco que estuviese fuera de las 200 millas de las aguas territoriales sería considerado enemigo. No les quedó mas remedio que acercarse a Brasil para bordear su costa y la de Uruguai. Finalmente, el 13 de mayo de 1982 el “Usurbil” llegaba a Buenos Aires para concluir una marea de 28 días con sus bodegas vacías y en la que tuvo que ejercer de espía.

La dictadura militar premió a la misión con un plato decorativo… “Made in Hong Kong”
Las familias de los marinos españoles no supieron nada de lo ocurrido hasta que llegaron de nuevo a Galicia, el 19 de mayo de 1982, y contaron lo que había sucedido. También se lo contaron a la empresa Pesquera Vasco Gallega, que reconoció que sabía que el barco estaba militarizado, pero que no pudieron hacer nada. A pesar de no haber pescado absolutamente nada, aquella marea la cobraron como una más. Algunos de los tripulantes decidieron quedarse y seguir en Argentina, mientras que otros tardaron bastantes años en regresar.
Aquellos marineros que fueron enviados al frente sin saberlo son críticos con la actuación del gobierno de la dictadura. Pero también encuentran motivos para la ironía. “Cuando llegamos a Buenos Aires, nos reunieron y los militares nos entregaron un plato decorativo. Un solo plato para toda una tripulación de 50 hombres”, cuentan sonriendo. Pero no es lo único que recuerdan sobre aquel peculiar reconocimiento. Era un plato “Made in Hong Kong”, entonces aún colonia británica. Ironías de la vida y de la guerra.