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#284 Escuela de montaña

#284 Escuela de montaña

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Enmarcado por el majestuoso paisaje de la Cordillera de Los Andes, al pie del Cordón del Plata, Vallecitos constituye un lugar encantador en cualquier época del año, ya sea con nieve, como bajo el cálido sol. El Centro de Esquí es el parque de nieve más antiguo y más cercano a la ciudad de Mendoza y uno de los lugares más propicios del país para aprender esquí y montañismo, ya que la proximidad de sus refugios a montañas de diferentes grados de dificultad, lo convierten en una escuela natural de deportes blancos. En verano, la actividad no disminuye en Vallecitos, ya que es un lugar óptimo para el turismo de aventura, ecoturismo, ascensiones y como escuela de montaña, entrenamiento y aclimatación. Andinistas de todo el mundo llegan hasta el lugar con el objetivo de escalar la cumbre de El Plata y sus montañas vecinas, así como por aquellos osados que deciden intentar la hazaña de hacer cumbre en el imponente Aconcagua.

Imagen ©CNES/Airbus ►

#283 Atractivo natural

#283 Atractivo natural

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Las típicas palmeras de Yatay, una especie autóctona que llega a vivir entre 200 y 400 años, dominan el idílico y emblemático paisaje. Cinco senderos, algunos circuitos vehiculares, y una senda para la realización de trekking que discurre entre el paisaje selvático que bordea el río Uruguay y dos playas de arena con servicio de guardavidas durante el verano, son parte de opciones para los visitantes del Parque Nacional El Palmar en Entre Ríos. Hay también otras sendas específicas para cabalgatas y paseos en bicicleta, sin descartar la práctica del canotaje o la visita al sitio histórico La Calera del Palmar, donde los jesuitas explotaron un yacimiento de cal hasta su expulsión en 1768. El parque tiene varios ambientes; el más conocido es el palmar pastizal, que es también el más emblemático, pero contra el río Uruguay, donde están las playas, hay selva en galería que viene bordeando el río en toda su trayectoria. A diferencia de otros parques, donde es difícil ver fauna, en El Palmar cualquiera se puede cruzar con vizcachas, carpinchos, ñandúes, urones y hasta zorros, que se mueven tranquilamente entre la gente incluso hasta en el mismo camping o en el barrio administrativo. Al culminar la jornada, nada mejor que disfrutar los famosos atardeceres entrerrianos, con el sol escondiéndose tras las palmeras y prepararse para una inolvidable cabalgata con luna llena.

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#282 Ícono porteño

#282 Ícono porteño

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El Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires, fue el escenario de inauguración de los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018. Convertido en una gigantesca pantalla vertical y con un asombroso juego de luces y sonidos, el grupo Fuerza Bruta realizo un espectacular show de apertura. La estructura, de estética racionalista, fue construida en 1936 con motivo del cuarto centenario de la fundación de la ciudad por Pedro de Mendoza. En el solar donde hoy se encuentra el monumento fue izada por primera vez la bandera argentina en Buenos Aires en 1812. Inmediatamente, el Obelisco se tornó en centro de las burlas y protestas de los porteños. Tres años después de su inauguración, el Concejo Deliberante sancionó la demolición pero fue vetada por el intendente Goyeneche, y no prosperaron otras tentativas por derribarlo. Si bien generó más de una polémica, con el tiempo se ganó el lugar de ícono de la ciudad y has sido frecuentemente utilizado para intervenciones artísticas, conmemorativas o como punto de reunión de diversas manifestaciones. Alguna de ellas: en 1973 se lo decoró como árbol de Navidad. En 1975 se colocó un anillo giratorio, con las inscripciones “El silencio es salud” y “Mantenga limpia Buenos Aires”. En 1978 se festejó el triunfo del seleccionado en el mundial de fútbol. En 1998, Greenpeace desplegó un cartel con la leyenda “Salven el clima”. En 2005 apareció cubierto por un preservativo, en conmemoración del Día Mundial de la Lucha contra el Sida. En 2009 exhibió una instalación artística con un brazalete “Say No More”, de Charly García. En 2015 pareció estar desprovisto de su punta gracias a una intervención del artista argentino Leandro Erlich.

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Un panzazo en la Brava


#281 El avión de los caballos

 

Un panzazo en la Brava

La mañana del jueves 30 de abril de 1964 es un hermoso día otoñal en la Cordillera. Sopla viento, pero no demasiado fuerte, y sobre el sector austral de la Puna de Atacama solo algunos cóndores se sacuden su plumaje húmedo para salir a planear con las primeras térmicas en busca de carroña. Un silencio absoluto reina en el paralelo 27º Sur. El Veladero, el Bonete, el Reclus, el Pissis y otros grandes volcanes se yerguen como mudos centinelas.

De pronto se percibe en el cielo el zumbido de motores. Desde Copiapó, en Chile, un avión cruza por el boquete que forman los pasos Pircas Negras y Comecaballos. Su nivel de vuelo es de 6000 metros, suficiente para atravesar los Andes. El aparato es un Curtiss Commando C-46 F perteneciente a la compañía argentina Aerolíneas Carreras, matrícula LV-HIJ, ha hecho una etapa de 2.100 kilómetros desde Lima, Perú, a Copiapó, y desde este punto de notificación a Córdoba tiene otros 740 kilómetros.

Viene con ocho yeguas de carrera inglesas de pura sangre, que habían sido compradas por el dueño del haras “Las Hortigas” de General Belgrano. Las yeguas estaban en el haras “La Merced” de Lima. Como era el último establo que quedaba en la ciudad, iba a ser expropiado y sus dueños tuvieron que vender todo. Los animales tenían su nombre impreso en el bozal y estaban asegurados en 10.000 libras esterlinas cada uno. Seis son colocados dentro del avión en sus res­pectivos boxes de madera. A último momento se agregadan dos más, a pesar de la oposición del piloto porque suponía que era mucho peso ya que estaban todas preñadas en estado avanzado. Como preanunciando lo que luego sucedería, antes de cruzar la cordillera las yeguas pegan pata­das en los boxes produciendo un ruido similar al de una falla del motor.

Lo que parece ser una travesía de rutina, de repente deja de serlo. Justo al cruzar el límite internacional el motor Nº 2, recorrido poco antes y por tanto puesto prácticamente a nuevo, comienza a fallar. Se procede entonces a poner la hélice de este motor “en bandera”, con las paletas orientadas de canto contra el viento para que ofrezcan menor resistencia. Pero la operación no se logra del todo y el l8 cilindros radial, movido entonces por su propia hélice, se embala hasta 3750 rpm.

Son pasadas las 9 cuando ocurre el percance. El comandante advierte que no podrán alcanzar ningún aeropuerto apto para el aterrizaje de su pesada máquina. Aunque de tantas veces haber cruzado la Cordillera por esta misma ruta saben que existe una excelente pista de aterrizaje de emergencia al alcance de la mano: es un extenso salar de unos 15 kilómetros del largo, situado al Sur de la gran herradura de volcanes.

El frente está totalmente cerrado por nubes. Se producen fuertes oscilaciones en el avión debi­do a turbulencia y a la falta de potencia al tiempo que un humo negro sale por el escape del motor averiado. La yegua “Bandera” que está en la parte delantera izquierda se vuelve loca y es tenida del bozal por su cuidador, para evitar que golpee su cabeza contra las cuadernas del fuselaje.

Mientras se prepara todo para el toque, se envía un SOS con las coordenadas. Durante el descenso tienen todavía la sangre fría de abrir el portón lateral para prevenir que, si en el panzazo se retorciera el fuselaje, la salida quede libre. Debido a la escasa densidad atmosférica es necesario hacer una aproximación a velocidad mucho mayor que a nivel del mar, para que la máquina no pierda sustentación y se precipite: unos 145 km/h.

Descienden con rumbo 270 con el tren retraído para derrapar con facilidad. ¿Estará dura la superficie del salar? ¿Se hundirá la pesada máquina o flotará el tiempo necesario para que puedan alcanzar la costa? Este pensamiento es solo un flash porque a las 9.40 el C-46 se posa duramente con un ruido ensordecedor del aluminio que patina sobre la superficie áspera del salar. Después del primer impacto la parte delantera del avión se levanta un poco por el aire, por espacio de 90 metros y al caer nuevamente queda planchado y por fin el avión con su enorme masa se detiene.

El impacto a 145 km/h es tan fuerte y estrepitoso que todos, hombres y bestias, salen despedidos hacia adelante. No podía esperarse otra cosa con una mole de 20 toneladas estrellándose, bien que en ángulo suave, contra una superficie de barro y hielo, dura como roca. Los boxes se hacen añicos y se desplazan adelante. Algunas maderas se incrustan en la panza de una yegua que se desangra. La yegua Bandera muere al romperse una arteria por su desesperación.

En un instante los seis tripulantes están todos afuera y mientras se abrazan emocionados por la buena fortuna, comprueban que no se hunden. Son casi las diez de la mañana y el altímetro del avión queda clavado en 4.023 metros por la diferencia de presión atmosférica. La cota oficial del salar es de 4271 msnm.

Después de la alegría viene el trabajo. La yegua herida por las maderas fue sacrificada con un tiro de 38 largo en la frente. El operador de radio vuelve a comu­nicarse con Córdoba y quedan de acuerdo en hacerlo cada hora exacta hasta las 20 para reanudarla a las 6 del otro día. Mientras el cuidador se queda en el avión, el resto sale atado en cordadas por una soga por la superficie del salar hasta alcanzar después de unos 400 me­tros tierra firme. Quieren alcanzar lo que ellos suponen puede ser un puesto para buscar víveres y agua en caso de que el avión llegara a hundirse. Se trata de un refugio en la punta Norte de la Laguna Brava levantados en la época de Sarmiento para refugio de los arrieros. Luego de caminar varias horas y ver gran cantidad de guanacos y flamen­cos, regresan completamente agotados sin haber alcanzado el objetivo.

A primera hora de la tarde dos aviones Sabre F 86, de Mendoza, sobrevuelan y les tiran ropa y alimentos en bombas de ejercicio de plástico que revientan y desparraman su contenido a 50 metros del avión. Unos pequeños trozos de chocolate es todo lo que pueden aprovechar. A las 17, un avión carguero similar, de Aerolíneas Carreras proveniente de Miami, los sobrevuela y les arrojan abrigos que caen unos 500 metros al oeste del fuselaje. Sin embargo no van a buscarlos ya que el estado de ánimo no es el mejor a causa del shock sufrido y del apunamiento que todos padecen.

Peor aún: carecen de agua. Por otra parte los fósforos tampoco encienden a causa del aire enrarecido. Durante todo el día no comieron, simplemente porque no tenían na­da. Llega la noche y se intensifican el frío, el viento y el dolor de cabeza. En el marcador de tem­peratura del avión se lee -30º C.

Es poco lo que duermen. El piloto recostado y apoyando su sien derecha sobre algo fijo controla, entre la ventanilla y un punto en la montaña, si la máquina se hunde. Toda la noche ve golpear contra el vidrio la sal arrastrada por el fuerte viento. Otros vomitan por anoxia aguda. Apunamiento. Las yeguas son una ayuda en cuanto irra­dian calor, pero son un inconveniente porque consumen oxígeno. Uno recuerda haber leído que jinetes en los Andes se salvaron de morir congelados matando su bestia, abriéndole el vientre y acostándose en su interior.

Temprano al día siguiente juntan los tablones de los boxes y los colocan en forma horizontal en el piso de hielo y sal, que queda a 1,20 metros de la puerta delantera y a ras de la puerta del medio. Sacan las yeguas. Primero las dos muertas, luego cuatro más que las dejan en libertad. Una toma hacia el este y logra llegar a tie­rra. Nunca más se la volvió a ver. Dos se fueron juntas hacia el norte hundiéndose a cada paso, quedando con la sal hasta la panza a solo 50 metros de la orilla.

Los de la tripulación, ven conmocionados como, separadas a dos metros una de otra, enlo­quecen y golpean sus cabezas alternativamente a un lado y a otro, en un último acto de autoeliminación. La última yegua regresó al avión porque in­tuía que era imposible su salvación. El cuidador se apiada y la trae del bozal, pero dando pequeños saltos para no hundirse, acción que el animal imita. Dos yeguas quedan vivas dentro del avión por si fuera necesario su carne en caso que el rescate no llegara pronto.

A las 9 de la mañana, pasan dos aviones Alba­tros de Tandil y les tiran tres paracaídas con a­gua, abrigos y comida. Previamente desde abajo les indican por radio la forma de lanzar los pertrechos para que el fuerte viento del oeste los acerque al avión lo máximo posible. Los restos del paracaídas es usado para envolver las provisiones y protegerlas de la sal que arremolina el viento. Entre las cosas que encuentran en el equipo de supervivencia están unas pastillas de alcohol sólido con las que apenas pueden entibiar un poco de café. Agotados por el cansancio, empiezan a tener alucina­ciones. Algunos creen ver gente que se mueve en la orilla. Pero, ¡nada!

Recién a las dos y media de la tarde del segundo día lle­gan los vehículos de rescate: dos gendarmes, un alférez, tres baqueanos y el médico de Vinchina, a bordo de una Estanciera, un camión de Gendarmería Nacional y un segundo camión Ford. Tardaron 24 horas en subir. A las cuatro de la tarde parten en distribuídos en los distinto vehículos. Las yeguas las dejan en tierra, cubiertas con una manta cada una y el pasto seco que traían en el avión. La Gendarmería regresaría a buscarlas al día siguiente. Hasta los años ’60 no existía camino ni huella de acceso, se circulaba por el cauce del río de la Troya que desciende de la cuenca de la Laguna Brava. El la parte donde el río describe n rulo de 180 grados, ven a la distancia una gran fogata. Son troperos que llevan ganado en pie a Chile. Ente­rados del rescate les comparten el whisky que les queda y siguen camino.

Llegan a Jagüé después de 12 horas y con un hambre atroz. Despiertan a un puestero pero co­mo éste no tiene comida para ofrecerles, le hacen matar varias gallinas, que una vez hervidas devoran sin respiro. La última comida que habían probado fue aquél frugal desayuno antes de decolar en Lima. Duermen en la casa del jefe de Correos y al día siguiente el Intendente de Ja­güé los recibe para enterarse de lo­ ocurrido y ofrecer su colaboración.

Finalmente al llegar a La Rioja, José María Carreras, dueño de la compañía del avión, los está esperando. Mientras haya vida no hay que detenerse. Pocos días más tarde uno de los cuidadores, sobrevuela el a­vión siniestrado de Laguna Brava con el Junior Mike Charlie rumbo a Lima.

Si bien según los peritos de la compañía de seguros el aparato solo estaba dañado en un 20 por ciento, resultaría imposible repararlo para salvarlo. Llevar otro motor, ponerlo sobre ruedas y despegar de la superficie blanca hubiese sido demasiado complicado, costoso y riesgoso. Por ello la compañía aseguradora vendió el Curtiss en block por 15.000 pesos. Lo adquirió don Félix Martínez, un viejo y experto minero afincado en Villa Unión, para desguazarlo.

“No sabe lo que me costó meter hacha y soplete de acetileno para desarmar la máquina tan reluciente y entera”, contaría Don Félix después de subir hasta la Brava en dos Ford canadienses guerreros de doble tracción y poner manos a la obra. En sucesivas jornadas el aluminio y los motores fueron cortados en pedazos, cargados en los camiones y bajados a Villa Unión.

Grande fue la sorpresa para Don Félix, cuando descubrió en el reticulado sobre una de las ruedas del tren de rodaje, un cargamento ilegal de radios portátiles Spica, a pila y en estuche de cuero. Sin embargo no funcionaban. Se les había quitado un transistor a cada equipo de modo que si por alguna circunstancia las autoridades incautaban la mercadería y en última instancia enviaban los radiorreceptores a subasta pública, éstos no tendrían ningún valor comercial porque estaban inutilizados. Entonces se rematarían por una base mínima y bastaba entonces que alguien avisado los adquiriese oficialmente (con estampilla y todo) para hacerlos funcionar con solo colocar el transistor que faltaba.

En los años 50 y 60 un cazador furtivo sanjuanino hacía de las suyas en la región de la Brava, persiguiendo las vicuñas con armas automáticas. Para correrlas se construyó un vehículo especial, que sería la primera de las luego famosas Guanaqueras: un Ford A con motor V8, desprovisto de carrocería y guardabarros, solamente con dos butacas y el parabrisas. Con tan poco peso trepaba como una cabra, y así resultaba fácil perseguir las vicuñitas.

El montero permanecía en la región de la Brava por períodos relativamente prolongados sin que nadie se explicara cómo podía hacerlo. Un buen baqueano conoce las aguadas, con lo que estaría asegurada la supervivencia por cierto tiempo. Incluso la comida no sería problema, porque siempre hay algún animal para cazar. Pero, ¿cómo circular con un vehículo por tantos y tantos kilómetros sin repostar? Lo que nadie se imaginaba es que el riflero conocía lo del avión, y hasta allí se dirigía para surtirse de aeronafta, de la que habían quedado en los tanques muchos cientos de litros.

De los restos del aparato parcialmente canibalizado solo quedan el morro y los muñones de las alas. El fuselaje con la cola, las alas y los motores ya no están más. Hoy día, ya con más y mejores caminos en vez de precarias huellas, el Hotel India Junior es uno de los principales atractivos en las excursiones a la cuenca de la Laguna Brava, aunque sean contados los que conocen siquiera a grandes rasgos esta historia.

Del equino que se escapó nunca más se tuvieron noticias, aunque su leyenda siempre asoma nuevamente cuando se ponderan las cruzas de los caballos que participan en las carreras cuadreras de la región.

¡Ah!, y tres años después de lo del Curtiss de La Brava, en diciembre de 1966, otra máquina del mismo tipo, aunque de compañía diferente y matrícula paraguaya ZP-CAP, cayó cerca de la Hotel India Junior, pero más adentro de la Cordillera. Tan adentro que hasta ahora aún nadie la ha buscado o encontrado.

Fuente: Federico B. Kirbus / www.histamar.com.ar

#281 El avión de los caballos

#281 El avión de los caballos

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La mañana del jueves 30 de abril de 1964, luego de cruzar la cordillera, al Curtiss Commando C-46 F comenzó a fallarle el motor izquierdo. En su bodega transportaba a la Argentina ocho yeguas inglesas de pura sangre, que habían sido compradas en Lima. Estaban aseguradas en 10.000 libras esterlinas cada una. El comandante del LV-HIJ, decidido a aterrizar de emergencia, divisó una laguna blanca entre las montañas a la que confundió con un salar. Cuando se dio cuenta de que se trataba de la Laguna Brava, ya era tarde. El avión panceó sobre el agua que tiene una profundidad de apenas 70 cm y se arrastró en el barro y la sal hasta detenerse a 400 metros de la costa. Nadie resultó herido en el accidente, excepto dos yeguas que murieron en el impacto. De las otras, solo una alcanzó la costa y se perdió entre las montañas. Los seis tripulantes pidieron auxilio y debieron esperar 24 horas dentro del fuselaje, al reparo del frío extremo, para ser rescatados. Del equino que se escapó nunca más se tuvieron noticias, aunque su leyenda siempre asoma nuevamente cuando se ponderan las cruzas de los caballos que participan en las carreras cuadreras de la región. Si bien el Curtiss solo quedó dañado en un 20 por ciento, repararlo y lograr que despegara en esa superficie hubiese sido demasiado complicado, costoso y riesgoso. Por ello la compañía aseguradora lo vendió por 15.000 pesos a un viejo minero que cuando subió para desguazarlo descubrió en el compartimiento del tren de aterrizaje, un cargamento de contrabando de radios portátiles Spica. En sucesivas jornadas el aluminio y los motores fueron cortados en pedazos, cargados en camiones y bajados a Villa Unión. Parte de los restos del avión aún están allí, y con ellos quedó una historia apasionante.

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Conocé los detalles de la historia detrás de esta imagen: “Un panzazo en la Brava”

#280 La ruta sumergida

#280 La ruta sumergida

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Montañas, aire puro y un espejo de aguas turquesa es el marco donde se ubica el embalse Potrerillos, un lugar encantador para explorar la belleza de las vistas mendocinas a poca distancia de la ciudad. La pequeña Villa de Potrerillos, junto al lago, es un lugar destacado para el turismo aventura y los deportes acuáticos: rafting, trekking, rappel, mountain bike, cabalgatas, kayak, escalada, canopy, velerismo, windsurf, canotaje y, para los amantes de la pesca deportiva, hay variadas especies de truchas arcoíris y marrones así como pejerreyes. Con la construcción del dique, inaugurado en 2001, se anegaron las tierras por donde pasaba la vieja ruta 7 y se realizó una nueva traza. Dependiendo del nivel de las aguas, a menudo es posible verla, como una linea perfecta que corta las aguas cristalinas, incluso, en épocas de sequía, suele quedar al descubierto por completo.

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#279 El Grito del Lanín

#279 El Grito del Lanín

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El volcán Lanín, de 3.776 m., ubicado entre los lagos Tromen, Huechulafquen y Paimún, una de las cumbres más altas de la Patagonia, es un icono tanto para la cultura mapuche como de la provincia de Neuquén y constituye un atractivo turístico de nivel internacional para las actividades de montaña. Su ascensión por la cara norte es relativamente sencilla, con exigencia física pero sin dificultad técnica. El Pijañ Mawiza (tal su nombre en Mapuche) es un lugar sagrado, de importancia cultural y espiritual. Para ellos los volcanes son lugares por donde el Mince Mapu o subsuelo, respira y regula los ambientes. Son además fuentes de conocimiento, por lo que se los considera uno de los Pijan, o entes provistos de sabiduría. Desde 2008, se cierra cuatro días en enero y se restringen los ascensos y visitas del público por el rito mapuche de Gejipun, una celebración recuperada hace una década, después de casi un siglo, donde se ora y honran la vida del macizo y la sacralidad de su biodiversidad y se fortalece la espiritualidad de las comunidades. Esa festividad, nació también como una alerta ambiental por la sobrecarga turística y la falta de nieve en una de sus laderas y que se llamó originalmente El Grito del Lanín.

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#278 Espiar el Universo

#278 Espiar el Universo

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Una mole gigante de 40 metros de altura, 35 metros de diámetro y 610 toneladas se eleva sobre los cerros cercanos a la localidad mendocina de Malargüe y rompe con el paisaje agreste de la zona. La estación DSA-3 (Deep Space Antenna) es una de las tres antenas satelitales que tiene la Agencia Espacial Europea (ESA) en todo el mundo y que conforma una de las pocas ventanas que tiene el planeta Tierra para espiar los secretos del Universo, a demás es clave para recibir información vital de las principales misiones espaciales que la ESA lleva adelante a través de sus satélites y naves espaciales. El año pasado se realizó un cambio radical de su aparatología: se la sometió a un rejuvenecimiento y actualización de su software para que sea compatible con las futuras misiones espaciales, como la llegada de naves al Sol, Mercurio, Marte y Júpiter en los próximos años.

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#277 El alma de la Patagonia

#277 El alma de la Patagonia

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La inmensidad del desierto patagónico se extiende casi anodino bajo un azul impecable a unos 40 kilómetros de Puerto Deseado, hasta que el camino de tierra pasa unas suaves lomas y termina en un abrupto y ancho cañón rojizo de cientos de metros de altura, con un hilo de agua que serpentea en su fondo amarillento: Son los Miradores de Darwin, uno de los sitios claves para conocer el alma de la Patagonia. “No creo haber visto en mi vida lugar más aislado del resto del mundo que esta grieta rocosa en medio de tan extensa llanura”, así el naturalista inglés inmortalizó lo que sintió al descubrir el lugar que hoy lleva su nombre. Darwin llegó a ese sitio en 1833, a bordo del Beagle, tras remontar la ría Deseado y entrar al agua dulce del río, un circuito deslumbrante que hoy se hace en botes semirígidos, más un trecho de caminata de baja dificultad. Los paredones son piroclásticos, por lo que se encuentran algunas grutas que fueron bolsones de gases en la época de erupciones. Desde la cima de los miradores el río se extendía infinito y zigzagueante a un lado y otro, hasta perderse en el horizonte al oeste y hasta convertirse en ría hacia el este.

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#276 Cincuenta canchas de fútbol

#276 Cincuenta canchas de fútbol

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Los troncos y ramas del bosque nativo, yacen dispersos en franjas, delimitadas por las picadas que surcaron las orugas de las topadoras, en una trama desoladora. Pronto el fuego convertirá todo en cenizas. Una vez que las máquinas arrasan con los árboles en pie, los disponen en cordones para ser quemados. Ni siquiera la madera tiene valor. La imagen que estás viendo, tiene la superficie de 50 canchas de fútbol, y es una pequeña porción del campo desmontado. La franja de vegetación que queda en pie, de 90mts de ancho, se denomina cortina y sirve para evitar la erosión del suelo por el viento. Algunos argumentan que también reduce el impacto del desmonte sobre la biodiversidad, creando supuestos corredores verdes, sin embargo la degradación que sufren posteriormente al estar asilados y por la acción de los agrotóxicos, los hacen totalmente ineficaces. Salta es la provincia con mayor deforestación y donde más se incumple la Ley Nacional de Bosques. La tasa de desmontes en Salta fue la más alta del mundo en los últimos años.

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